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Selenia y Dobrudjka

Selenia y Dobrudjka son dos ciudades vecinas. Viven tan pegadas que parecen hermanas. Y como hermanas, se pelean y se celan. Los habitantes de Dobrudjka envidian a los que viven en Selenia por el sol que los cobija. En Dobrudjka el cielo fue maldecido por un dios gris, y ahora a los dobrudjkenses se los conoce en el continente como “los papeles de calcar”, por sus pieles transparentes y sus venas en relieve. En Selenia, en cambio, se vive otro problema: las calles son de sal y, entonces, la mayoría de sus habitantes sufre de hipertensión. El sol rebota en la blancura inmaculada de la sal y pega saltitos disparatados que luego penetran en los poros de la gente. En Dobrudjka, las casas son de colores fluorescentes para combatir la tristeza del cielo. En Selenia, sólo se consumen comidas dulces. En Dobrudjka, hay una laguna con patos congelados desde aquella época en la que al sol se le decretó que saldría sólo de vez en cuando. Los selenos dicen que ellos les prestarían la luz y el calor agobiante a sus vecinos a cambio de sus animales. Los que viven en Dobrudjka crían perros siberianos que cuidan la frontera, y nunca trocarían a sus fieles guardianes. En Selenia, los niños nacen con tez blanca, pero cuando llegan a viejos su color es moreno como el azúcar.

Hace unos cien años, Selenia y Dobrudjka eran una sola ciudad. Una guerra de espanto y de hambre – como todas las guerras – las volvió contrincantes. Una cordillera alta como una infinita columna de jirafas las separa de otras ciudades. No hay océano que las bañe con su espuma y, por eso, la única forma de llegar es por el aire. Tanto en Selenia con en Dobrudjka hay pistas de aterrizaje. En Selenia, una familia descendiente de la burguesía campestre donó sus tierras cubiertas de sal al servicio del turismo y el crecimiento demográfico. En Dobrudjka, el turismo creció desde que comenzó el problema del cambio climático. Los viajeros recorren la “ciudad gris” y disfrutan del frío, sin preocuparse por los rayos ultravioletas. Ni en Selenia ni en Dobrudjka hay aduana. Una vez, un tipo se avivó y viajó con dos valijas repletas de  buzos de polar para Dobrudjka y protector solar para Selenia. Hizo tanto dinero que se puso una empresa en cada ciudad. En Selenia ya tiene una cadena de farmacias donde no sólo se vende protector solar, sino también, anteojos de sol, manteca de cacao, gel con aloe vera y cremas hidratantes. Además, importa un remedio muy efectivo para la hipertensión. En Dobrudjka abrió un shopping con calefacción y un sistema de sol artificial. Se dice que ahora el tipo es el dueño de estas ciudades y el empleador de todos sus habitantes. Esto nos hace pensar que, a pesar de ser dos ciudades solitarias y – salvo entre ellas – aisladas,  Selenia y Dobrudjka sufren de las mismas vivezas, los mismos oportunistas, y los mismos “Colones” que el resto del mundo.

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